Si así, mi
hermosa dama, quiere el cielo
que estos ojos
Amor llorando cierre,
y me derritas,
como el sol la nieve
blanca y fría,
insensible a mis desvelos;
si es mi
destino, como ardiente el fuego,
como suave la
hierba, libre y verde,
si no hay ya
más, sino esperar la muerte
de este
mezquino y fatigado cuerpo,
¡Triste cosa!
Sea el morir más blando,
si el
pensamiento lleva la esperanza
de que al
volver a verla en este prado
dirija,
suspirando, una mirada,
y mi alma
hasta su hogar suba volando,
tras de tu
dulce voz encandilada.