Proyectos de siglo.

Pues sí, creo que va a siendo hora de empezar a entregarme en serio al sueño aquel de ser escritor.
Y supongo que ya es la hora del mundo de empezar a entregarse en serio a su sueño, de ser mundo.


martes, 30 de diciembre de 2014

Soneto Heroico.


Tan noble soy que vine suspirando
por ti en fuego ardiente encendido,
y fui con hielo frío recibido,
sin mi amorosa voz cesar callando.

Tan firme soy que al confesar llorando,
mi gran amor sin salvación vivido,
sufrí el dolor de padecer tu olvido;
y así permanecí: muriendo, amando.

Ya no sé en qué, este alma se sostiene,
guiada de un funesto pensamiento,
cuando por ti me quejo de esta suerte,

del que es tu mismo amor quien me detiene,
 llevando el cuerpo a soportar, tormento
amargo, que al espíritu da muerte.


sábado, 27 de diciembre de 2014

Soneto Nostalgia.

¡Cuán duro es recordar cómo tendía
el sol, los rayos, de su lumbre ardiente
por valles y por montes libremente,
do ella me amaba, do ella me quería!

¡Cuán triste es escuchar cómo fluía
el agua fresca; cómo la corriente
paciendo iba segura, dulcemente
bañando aquel amor que tanto ardía!

Vine a este prado lleno de verdura,
do nació esta pasión tan desabrida,
goce infinito haciendo y deshaciendo

Aquí fue  aquel amor mi desventura,
y mi piel por sus labios recorrida,
aquí he de descansar, solo, durmiendo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Un silencio y pocas quejas.

El cielo negro ruge como una mala bestia.
La oscuridad se arremolina entre nubarrones turbios.
El frío,
y la muerte,
como cánticos de angustia,
un tanto temibles,
un tanto infernales,
se imponen sobre todos los susurros aterrorizados…

¿Por qué estoy sonriendo?
¿Por qué no tengo miedo?

¿Por qué soy tan feliz?

No lo sé. 
No hay palabras.
No hay respuesta.
Yo no sé nada.
Todo pasa porque pasa.
Todo acaba porque acaba.
Todos vuelan, todo vuela,
yo no.
Mis huesos siguen sin despegarse de la Tierra.
Sacadme de aquí...

sábado, 15 de noviembre de 2014

Soneto al estilo de Petrarca III

Voces, llantos y gemidos, se escuchan
en el viento, cruzando la pradera,
hermosos, tristes, de la verde hierba
susurros, que discurren con ternura.

Fuego ardiente que enciende tu hermosura,
nieve fría que al sol se derritiera,
lágrimas que deshace la ribera,
dulce canción, brotada en la espesura.

Es la rosa, es la azucena, es, al verte,
de mi amoroso pecho la alegría,
trocada en desventura amargamente.

Es  el bosque, es el olivo, es la viña,
es el trigo, es el valle, es la corriente,
es todo el monte, que por ti suspira.


domingo, 26 de octubre de 2014

Soneto al estilo de Petrarca II

Si así, mi hermosa dama, quiere el cielo
que estos ojos Amor llorando cierre,
y me derritas, como el sol la nieve
blanca y fría, insensible a mis desvelos;

si es mi destino, como ardiente el fuego,
como suave la hierba, libre y verde,
si no hay ya más, sino esperar la muerte
de este mezquino y fatigado cuerpo,

¡Triste cosa! Sea el morir más blando,
si el pensamiento lleva la esperanza
de que al volver a verla en este prado

dirija, suspirando, una mirada,
y mi alma hasta su hogar suba volando,
tras de tu dulce voz encandilada.

Soneto al estilo de Petrarca.


Oh Sol, cuál suspirando recordara,
en aquel prado verde do creía
ver un amor, un cielo, una alegría,
dulce agua del arroyo, fresca y clara.

Dulce pasión, sentí que me llenara
de paz y de ilusión mientras caía
lluvia de flor, que el cuerpo le cubría,
humilde en tanta gloria, allí sentada.

Cuál flor le acarició la primavera
de la piel blanca, del  cabello negro,
cuál se posó en su cuerpo, o en la hierba;

cuál flor, con vago errar, fugaz, ligera,
parecía decir, en suave vuelo, :
“Es en aquel mirar, do Amor gobierna".

domingo, 28 de septiembre de 2014

Amanecía.

Bajo la ciudad gris y tenebrosa, bajo la piedra, bajo la sombra, bajo un pozo infinito, bajo piedra sobre piedra, bajo sombra tras la sombra, en el confín de las tinieblas, un breve destelló despertó a su majestad.
A través de la angosta grieta en la pared, un rayo de luz se filtraba en la sala, iluminándola. El monarca se enderezó en el lecho de su jaula. La puerta estaba abierta, pero el ave regia no se movía, ni casi apenas respiraba. Eran espléndidas sus alas, era noble su plumaje, mas allí, fijo, siempre inmóvil descansaba, dejando la voz quieta en misteriosos pensamientos. La puerta estaba abierta, todo había cambiado. El sol doraba sus reales aposentos. Un dios lejano le tendía su luminosa mano abierta, con cariño. Amanecía.
Era libre de cruzar una y otra vez los horizontes; libre de respirar el aire puro de las montañas; libre de cortar las caricias del viento en vuelo desbocado, sin seguir ningún rumbo establecido; era libre de las voliciones del destino, y dueño de su vasto reino. Y sin embargo, no salió en busca del murmullo del arroyo, no persiguió la blanca nieve, no lloró la eterna gracia.
Los pajarillos de la calle le cantaban con dulzura, invitándole a conquistar los frutos del nuevo mundo. Él les respondió expresando su furia soberana, contoneando su tórax emplumado, agitando sus alas majestuosas y revolviéndose violentamente. Después, alzó su negro cuello, enhiesto, y emitió un bramido grotesco y quebrado.

A lo lejos, todos escuchamos un graznido en el que un alma aterrada exigía libertad, y con ella, nosotros los súbditos, nos despertamos.

sábado, 12 de julio de 2014

SONETO IX.



Si vos sentís que vuestra alma se aflige,
por no poder acariciar sus dedos
el dulce tacto de los dulces sueños,
si la tristeza dispone y dirige,

y si ese vil manto oscuro persiste,
mirad que aquí estoy yo, poeta vuestro,
mirad estas cartas y estos sonetos,
que mi alma a vos dedicada os  escribe.

Cantad, vivid, soñad mil fantasías,
no lloréis más lágrimas de azucena
creed locuras de la poesía,

pues si entre verso y verso el labio tiembla,
y al son de vos mi corazón palpita,
jamás olvidaré que sois Violeta.

viernes, 4 de julio de 2014

...

¿Dónde está tu máscara?
Me mira,
tengo frío,
está esperando una respuesta,
el viento pasa.
¿Quién eres y por qué no llevas cubierto el rostro?
Me clavo con fuerza las uñas en el muslo de la pierna,
duele…
estoy sangrando…
puedo verle perfectamente aunque lleve la cara tapada,
el viento pasa.
Amigo, ¿Cómo esperas que te reconozca sin máscara ninguna?
el viento se detiene…

¿Dónde está tu máscara?

martes, 18 de marzo de 2014

SONETO VIII: Dido

Ha callado su dulce melodía
un dulce ángel desde el firmamento,
una aventura noble del pensamiento
que despertó en mí mil fantasías.

Y al punto que es al que la voz vacila
yo la pienso; tanto y tanto pienso
yo en sus ojos, brillos de esquirlas, cielos
de espíritus, por tanta y tanta vida.

Acerca de lluvias sobre el gris prado,
acerca de la risa que han perdido,
le cantaron las púrpuras flores.

En el fondo del alma la he buscado,
y en versos de estaciones sin destino,
cruzando  oscuro fuego a medianoche.



martes, 11 de marzo de 2014

Un suspiro.

Se van los años
y llueve.
Se mueren los días
y hay lluvia.
Se gastan las horas
y hay tormenta.
Se extingue el amor
y hay silencio
y al final.

Dolor.

Dolor,
doler,
y morir,
y siempre doliendo,
dando hasta el último aliento
en olas del mar y brisas de viento,
a un dolor más allá de lo vivido,
más allá de lo soñado,
más allá del alma,
más allá del dolor mismo,
más allá de la razón
de un simple muerto.

sábado, 1 de marzo de 2014

Soneto VII

Entre nosotros y nuestras miradas
se inmola una grandiosa sinfonía,
y baila la Luna y baila, la noche fría,
esperando al canto de las mañanas.

Es en los campos y en las barricadas,
es en los saludos y en las partidas,
 en donde avienen bienes y desdichas
de amor, de muerte sola, muerte amada.

Y tú, por más que toscamente niegues,
pájaro gris de esmeralda perdido
en la estrella de siempre, me quieres.

Y yo, por más que crezca el mar de olvido,
por más que la distancia nos dé muerte,
te quiero como nunca te han querido.


viernes, 28 de febrero de 2014

Soneto VI

Sombras viles del llanto más amargo,
fauces negras de un podrido infierno.
Almas de granito en aires muertos
de insufrible sufrir desencarnado.

Vil dolor vertido en tajos sangrados
de las aquileas espadas herederos.
Aquí en esto estoy y en esto la siento:
¡Dolorosa vida de amor negado!

¡Oh, divino corazón hermético!
Te sonrío de pura fantasía.
¡Oh, divino cielo de linaje épico!

A ti me entrego en vital rebeldía;
al fruto del sentimiento poético
y sangre de la mejor poesía.


martes, 18 de febrero de 2014

Pequeña escena de antes de salir a escena.

Las maquinitas de lucecitas rojas vociferaban entre códigos y pitidos la inminente venida de la tempestad mediática conocida como horario de máxima audiencia.
Los espectadores, cada uno desde sus hogares, aguardaban impacientes la primicia de aquella nueva sesión.
Iba a ser una ardua batalla contra la competencia.
Nuestro canal, pese a la reciente mala racha de fracasos televisivos, se sentía con fuerzas para el inmediato combate contra el prometedor estreno de sus adversos rivales: Una serie familiar que combinaba con gran estilo el romance y la aventura.
No obstante, las esperanzas de nuestra emisora se sostenían en la fuerte seguridad que es capaz de proporcionar una sabrosa exclusiva en un programa de tertulia del corazón.
Se palpaba el drama y la tensión en los escenarios. Aquella noche rodarían en directo. Más peligroso que cualquier imprevisto de corte violento o agresivo durante el rodaje, sería precisamente lo contrario, que tanto los tertulianos como los entrevistados fuesen incapaces de causar emoción debido a la falta de un guión supervisado por un director de escena segundo a segundo.
Podría haberse dicho que el plató estaba en llamas y no habría sido fácil sencillo percibir la diferencia.
Por todas partes corrían sin rumbo técnicos del escenario y de la buena escena. Era una definición del caos que rozaba la exactitud.
Sosteniendo su escoba con el gesto de un guerrero y la templanza de un buen músico, contemplaba uno más de los bedeles el panorama, desde un rincón oscuro y solitario.
Era un hombre en paz. Sin agobiarse por la dura labor que tendría reservada un par de horas después, tras finalizar la emisión, dejaba a su respiración mecerse entre los vientos del reposo. Entre aquel bullicio humano, sabía encontrar la paz. Se sentía como aquel viejo barquero Caronte de las aún más viejas leyendas, que presenciaba ante sí los millares de espíritus errantes que día tras día debería transportar de un lado al otro del río Estigia. Como este, en lugar de desesperase por  el esfuerzo y la rutina, veía un duro reto ante sí. Y este reto que jamás sería recompensado ni por unos dioses caprichosos, ni por unos roñosos empresarios, le traía la felicidad. Veía en cada suspiro un trepidante relato, una pequeña joya del interés, una purísima gota de la roja sangre que le daba vida.
Eran cientos de millones de libros insatisfechos que nunca caerían dormidos en el regazo de las bibliotecas.

Eran la vida de las vidas que pasaban. Eran los viajantes y al mismo tiempo las propias aguas del río del mundo de los muertos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Versos recopilados de escritos de Enero.

Deja a las caricias del mar pasearse a su libre albedrío por tu piel morena, concédeles la gracia de conocerte, de saberte, de experimentarte.
Deja a las caricias del mar que te recorran así como ofreces al sol el privilegio de brillarte, de otorgarte su luminosidad en privilegiado fuego.
Déjales que sean paz.
Déjales que sean la gracia.
Deja a las olas del mar elevarte con fuerza y con cariño, así como el viento cuando te bates entre sus vaivenes.


Deja a las caricias del mar que te atraviesen, así como tus hermosos ojos azules penetran en los míos verdes cuando nos miramos.

Fragmento recopilado de mis escritos de Noviembre.

Se despertaba la mujer donde un ángel nacía.
Su espíritu, de nuevo joven y descansado, amanecía.
Fue una brisa inocua, que soplido tras soplido hurtaba la codiciada melodía. Fue su corazón guardándose para sí toda la gracia. Fue la fuente más esplendorosa de un jardín clausurada en tiempos de sequía. Fueron unos labios finos, sellados por la sombra de un índice anciano, que los calla. Fue la muerte de un artista, fue el más largo silencio, fue la última risa, fue la última balada.
La alborada le tendía su mano amiga de un pálido naranja.
Su semblante tomó el gesto matinal de un cálido bostezo. Contrajo sus párpados dulces. Sus labios conservaban la sonrisa de los lejanos sueños, apoyada en la inocencia de sus mejillas.
Las ráfagas del día atravesaban su corazón, sin que se sintiera por ello vencida o traicionada. Sus cabellos, en un color que armonizaba tonos de castaño y de dorado, describían la silueta del alba, al deslizarse sobre su cuello.
Regresaba al día entre las caricias de sábanas livianas. Volvía a sentir cómo la sangre con sabor a verso y a frutas, fluía por su cuerpo juvenil. La luminosidad de las últimas estrellas de la madrugada, se arrodillaba ante sus irises oscuros y discretos.


Reto al mundo a que responda, si puede; qué razón tendrá la existencia, qué notas cantarán los afligidos,  qué musa inspirará a los poetas; cuando se despida, cuando se marche, cuando atraviese a lomos de un caballo blanco los portales del cielo, y no volvamos a saber de sus mañanas.  

Fragmento recopilado de mis escritos de Diciembre.

Siente como te envuelve la música esta noche, aunque se trate del más vasto silencio. Siente a los ángeles han venido a visitarnos, en el umbral de un gran camino. En el crepúsculo del día, en el despertar del deseo y la fantasía.

Hay ciertos momentos en la vida de un hombre, en que todos sus recuerdos se vuelven uno solo,  en que todas sus esperanzas se agrupan en torno a su pecho henchido y sediento de gloria al compás de sueños tronantes en sus ojos victoriosos.
Recuerda al que es y al que siempre ha sido. Recuerda sus buenos momentos con una sonrisa, recuerda incluso los malos, agradecido, por haberle traído a donde está.
Son momentos en las vidas de todos, afortunados y desgraciados, justos y perversos,  ricos y pobres, valientes y cobardes, reyes y esclavos.
Son momentos en que algún dios lejano se acuerda de su existencia.
Son momentos en que todos sus dioses, todos sus maestros y todos sus fantasmas acuerdan ponerle a prueba.
Son momentos en los que está solo frente a la totalidad del universo y la existencia. Donde la única ayuda posible es el aliento de todos sus amigos y familias, incluso de aquellos a quienes no supo tener en cuenta, aplaudiendo desde la tierra sus pasos, animándole a que no se rinda y continúe fielmente su avance.

Jinete del espíritu indomable que recorre desbocado el inframundo.

Fragmento recopilado de mis escritos de Octubre.

Erase un romántico en una ciudad sin alma.
Mientras introducía la llave en la cerradura del portón principal del melancólico inmueble, concluía que en días como aquel no merecía la pena despertar.
La lluvia caía con la fuerza de un reproche, así que tuvo que darse prisa en introducirse en el edificio, pese al cansancio que soportaba después de la larga carrera desde el trabajo. Entró.
Sufría. La sola visión del rellano se le hizo aún más gris que aquellas nubes que desde el cielo se asomaban a la calle para llorar.
Cada paso pesaba una eternidad. Las escaleras se le hicieron un poco interminables y otro poco fugaces. No dejaba de mirar fijamente al suelo, sin hablar, sin casi pensamiento alguno, sin apenas respiración en el aliento.
2ºB.
Se desplomó sobre el sofá en una posición para nada cómoda, en la típica postura de aquel que padece de una grave y dolorosa angustia. Sin su presencia, el apartamento era la viva imagen de la soledad. Con ella, la mortuoria sombra de la desesperación.
Clavó la vista en el techo atravesándolo con la mirada, buscando más allá del cielo, más allá de las estrellas, en el rincón de la esperanza.
La escasa luz que en aquel día de sombras se filtraba por la ventana bastaba para iluminarle, total, apenas se movía.

Se le empezaba a advertir cómo el tiempo le afectaba en la expresión, cómo día tras día se moría, sin más enfermedad que la tristeza.

sábado, 15 de febrero de 2014

El examen: Prólogo dormido.

Preludio y Allegro (Kreisler-Pugnani)
Traducción a palabra escrita.

I-           Preludio.

Despertarme en un sueño al filo de la madrugada con el molesto sabor en la lengua de tormentas de sangre.
Sombras de sombras en torno a mi figura.
Ojos de fuego, fauces terribles y despiadada sonrisa.
El demonio mismo sobre mi cama.
Me descubro como víctima de un sueño de cicuta.
Tiemblo sin fuerzas y desde la ventana galopa un frío inusitado.
“Por favor, te agradecería que me dejases irme, tengo mucho que estudiar.”
Apenas pienso mientras hablo.
Con la elegancia exquisita que nunca nadie esperaría en semejante fiera, rechaza mi deseo a golpe de mirada. Sonríe y señala que en el fondo soy yo quien ha escogido visitarlo. Y yo callo, por no ser posible estar más de acuerdo.
Pone ante mí mi propio violín, apoyándose en la entrega, de un gesto admonitorio.
Yo cuidadosamente lo sostengo.
Lo levanto con brío situándolo en el espacio que habita entre mi mentón y mi clavícula.
Respiro despacio, navegando en un desierto de negruzcas dunas de humareda en busca de un oasis de calma.
Con porte noble y furibundo dirijo desde el arco unas  caricias firmes y serenas.
Chorros de sangre en notas largas y expresivas. Seguridad y expresión a fuerza de espíritu. Relámpagos de llanto formidables. Cadencias que se elevan como el humo de una tea, de la brisa al huracán,  del  frágil silbido a la pasión sinfónica.
El aire arde  y se dilata. El cielo toma color en el sonido. Las paredes se tiñen de música. 

“Despierta.”

martes, 11 de febrero de 2014

Llueve

Llueve.
Si se pregunta por qué llueve, yo le diré que llueve porque pasa.
Por un camino vestido de hojas secas. Hojas de verde vida, alegre, cuando pasa. Por una ruta entregada a las sombras tristes. Sombras bohemias y melancólicas, cuando pasa.
Qué modesto luce el bosque, qué flores tan marchitas, qué rosas tan débiles, qué silencio, qué mañana.
Hasta que pasa. Hasta que los árboles se imponen ante el cielo, a más no poder de galantería y soberbia, hasta que lo blanco por tímido enrojece, hasta que el viento colisiona contra el tiempo inamovible y canta.
Qué despacio camina el mar, qué lisa está su superficie plateada, qué calma, qué paz, qué rabia.
Hasta que pasa. Hasta que se agita, hasta que ruge henchido de furia el oleaje embravecido, hasta que la espuma se desborda, hasta que cielos y océanos se entrelazan.
Cuando vuelan los pájaros. Cuando los lobos aúllan. Cuando nace la música. Cuando ella pasa.

Llueve.

Ppp

No te vayas. No quiero que te vayas. Estoy harto de perderte y de que te borres en la nada. Estoy harto de echarte de menos, estoy harto de preguntarme si tú también cumplirás con más de lo mismo.
No estás. No quiero que no estés. Estoy harto de no querer quererte, como ahora, y aún así quererte pese a todo, como nunca. Estoy harto de preguntarme si tú me quieres también. Y estoy harto de saber que la respuesta es sí.
Odio que me quieras ¿Lo sabes? Todo sería muy fácil si pudieses odiarme como todo el mundo, pensar en todo desde una sonrisa estúpida, y olvidarme para siempre. Pero sigues ahí, endiablada quietud, sigues ahí esperando que vuelva, como yo espero que vuelvas tú, y nunca más te marches.
Odio que me hagas tan feliz. Odio que sepas que te hago feliz y nunca lo admitas.
Odio sentir como crece en mi un querer verdadero. Verdadero. Nada de magias absurdas que la tradición impone, verdadero. Sentirla como una parte de mí, no pensarla, no figurarla, sentirla en mi corazón tan real como el aire que me golpea, o el dolor que me aniquila, sentirla aquí conmigo aunque haya decidido marcharse.
Odio muchas cosas, muchísimas, demasiadas, pero NO a ti.
No, a ti no puedo odiarte, ni puedo olvidarte ni creerte muerta. A ti te quiero, te quiero de una manera intensa y única que tú no entiendes...
¿Por qué pese a todo tienes que marcharte?
¿Por qué tienes que recordarme como algo que nunca fue nada?
¿Por qué ni tan siquiera me consentiste sangrar el poema sobre el trébol que escribir yo tanto anhelaba?
¿Por qué te vas?
Si todavía nos queremos...

sábado, 25 de enero de 2014

Imitando a Góngora (Concretamente su soneto Al Escorial)

A TUS OJOS.

Santas, negras, elocuentes pupilas
que a los soles priváis de su imponencia,
Dolor os teme, por más mortal presencia,
y el amor por miradas más divinas.

Silencia tus himnos, Furia; no aflijas
los tuyos, Luz; de mi alma son esencia,
que al mayor verso de toda experiencia
inspiró la mayor gloria en vida:

gran misericordia, de la Mirada
cuya sonrisa al Universo Azul
gobierna, y al infinito somete.

Salve el destino, tenga Dios en gracia
el furor de este Sacro Continente,
los siglos de esta Blanca Luna; Tú.

viernes, 10 de enero de 2014

Sucedió una noche- I

Prokofiev - Tormenta de Nieve, de la ópera Guerra y Paz Op. 91

La lluvia opaca caía marchita y áspera sobre la tersa piel de la indomable fiera.
Esta, que se acurrucaba en la calidez inmoral del frío, graznó una secuencia de notas escogidas por capricho, las cuales un criterio de aspiraciones eruditas condecoró en título de melodía.
El retumbar de un trueno sonoro coincidió con la embestida fónica de las campanas de la catedral, que puso en guardia al ave carroñera, exhortándola a entregarse a un vuelo de navegante a través del lecho de las sombras.
Sobrevoló el capitán de las penumbras la avenida principal por la que dos humanas siluetas solitarias caminaban.
Ambos individuos marchaban encapuchados a paso de ritmo fuerte, tratando de zafarse del aliento de la tormenta. En medio de aquella oscuridad podrían haber pasado por indistinguibles, si bien el que caminaba al frente lo hacía con aún más gallardía, clase y apostura, que el segundo cuya complexión física era bastante inferior a la de su acompañante quien además le superaba ligeramente en estatura.
Nada más podemos decir aún de su aspecto, obligados a tener en cuenta que se ocultaban de acuerdo a la necesidad fluvial.
-¡Ya falta poco!- Gritó el primero con la voz agradable propia de un guardián, aunque en la entonación informal de un buen amigo.
El segundo respondió algo similar a una queja, pero que resultó incomprensible de traducir en medio del fragor de la lluvia.
Tras recorrer una larga serie de caminos poco frecuentados por la ciudadanía decente, encontraron un acceso oculto a la vista de cualquier observador novato, a un inmueble viejo, oscuro y siniestro.
El primero del par fue quien con cierta prisa y malestar golpeó con fuerza el lomo astillado de la puerta.
Un niño tullido con aire desconfiado salió muy molesto a recibirles. El segundo hombre al dirigirle la mirada no pudo evitar leer en el rostro del chiquillo cierto desapego por la vida, además de una latente inseguridad para con su persona, aunque fiel cumplidor de las órdenes recibidas por su amo, las cuales solían adaptarse a su débil condición física.
-Buenas noches, ¿Qué se les ofrece caballeros?- Sus falsos modales, y su voz tosca y grave le hacían parecer aun más rudo.
El mismo hombre que llamó a la puerta, se agachó hasta estar a la altura de la oreja derecha del niño, susurrando unas palabras que le provocaron un gesto de malestar y una forzada invitación a los dos transeúntes a adentrarse al interior del edificio.

Los dos hombres tiritando y chorreando ingentes cantidades de agua turbia caída del cielo en la piel de sus capas negras, cruzaron el umbral sin más dilación, empujados con más fuerza por el malestar de la incomodidad meteorológica que por el cumplimiento de su deber.

jueves, 9 de enero de 2014

Fantasía tétrica.

Te has deslizado hasta mi cuarto a través del alféizar de la ventana mientras empezaba a sonar en el reproductor la Chacona para violín y órgano de Vitali.
Un aire gélido fluye a ritmo lento en la sala.
Hoy tu sombra está más alta, más imponente, más oscura.
Tu capa te concede un aire señorial sobre la piel pálida, rugosa y muerta.
En tu boca los colmillos que se muestran entre los labios carnosos rezuman sangre y maldad. Las garras son feroces y afiladas, dispuestas para el más atroz cometido. El destello ponzoñoso de tus negros ojos claros penetra entre las sombras con la intensidad de una luna de san Juan.
Pero a mí no me engañas, al menos no en esta noche.
¿Acaso crees que no soy consciente de tu farsa, de tu adorno, de tu teatro inútil?
Apenas consigues alterar en un mínimo mi expresión.
Bostezo, y aprovechándome del desdén de ese bostezo alzo la vista y miro fijamente tu mirada.
Patética. Despreciablemente patética.
Admito que hoy te has esforzado. No has venido sin interés como la semana pasada, o agotado y casi sin fuerzas como el mes anterior.
Eres el fósil del espíritu noble de lírico corazón poético. Cantas a desafinadas carcajadas, desde una voz de sonrisa con dientes rotos,  himnos sádicos en lenguas muertas.  
Has sufrido por infinitas protestas, por las ruinas de cuanto ha existido, por los restos del despreciado, por los vestigios de una muerte horrenda.
Padeces lo indecible sabedor de  que tu causa se ha extinguido, que lo has dado todo y no te ha servido para nada, ni servirá ya nunca más.
Hoy eres tú la fuerza viva, hoy yo soy tu muro infranqueable.
La pasión del violín en el reproductor sumamente deliciosa absorbe tan por completo mis sentidos que olvido tu presencia.
Y al recobrar la cordura a mi regreso de la divina abstracción musical descubro que continúas frente a la frente mía. No te has movido un ápice. Permaneces inmutable, fijo en tu puesto. Tienes la actitud propia de un guerrero destinado al sacrificio.
¿Quieres la verdad? ¿Acaso crees merecerla? No importa. Yo te la diré.
Plata sobre fondo oscuro, ese es el color de nuestra era. Y nadie protesta, ni lo critica. Trabajan. Se ríen. A veces incluso lloran. Pero nadie dice nada. Todos callan como los demonios entre las tinieblas. El asfalto sobre la tierra. El gris sobre el verde. La piedra sobre la piedra. He ahí el nuevo arte.
Tú antes escribías. Eran versos pequeños sobre las grandes sierras, sobre los ríos de nieve tras el invierno, sobre las caricias del sol en el verano.
Ahora yacen tristes los recuerdos de felices lunas. Ahora tu imaginación se pierde entre severos epitafios. Te hurtaron las alas del poeta que escribió sobre los cielos, dejando en su lugar las férreas cadenas que contienen tus podridos brazos.
Ángel.
Mientras que ruges a la noche clamando cordura, dormido y despierto, de noche y de día; caminas bajo el negro cielo y la blanca luna. Hay días que simplemente sueñas. Sueñas.
¿Tú corazón? Nada sino un feroz y viejo lobo.  Sueñas infeliz, tú, mi gigante, sueñas.
Oyes gritos y tienes miedo, sueñas desde tu cama oxidada de hierro, sueñas.
Eres es el único de piedra. Cierras los ojos oprimido, te muerdes los labios, y sueñas. Un hilo de sangre oscura se vierte por tu pálida barbilla.
Sueñas que no estarás sólo en la condena.
Sueñas.
Los malos están llamando a tu puerta. Sueñas que algún día se acabará la tormenta.

¿Cuándo acabará la fantasía tétrica?

IMPROVISACIÓN

Dame tu mano. Toma la mía. Así dos manos (¿O eran almas?), entrelazadas. Parece poco, parece nada, y sin embargo, he ahí la plenitud, he ahí la gracia.
De tu mano yo camino sin cansarme. De tu mano es un camino de poemas. De tu mano soy feliz, aun cuando solamente caminamos.
Siento mi espíritu sonreído. Siente que la nada sirve para algo más que para nada.
Siento el éxtasis de las estrellas, a todo volumen, desde tu alma.
Consiste en visitar tierras lejanas. Consiste en conocer a los grandes reyes del pasado. Consiste en atravesar las ruinas de las grandes historias. Consiste en que me des tu mano. Y yo a ti la mía. Y que el mundo se quede con nuestra mirada.
Darte la mano y sentir todos los fuegos, cuando la calle luce de escarcha.
Darte la mano y sufrir un bofetón que borre de mis labios la pena, dejando plasmada tu sonrisa beata.
Darte la mano y hacerte sentir tan única como el día aquel en que, sin conocernos todavía, nos soñamos.

Cuando me das tu mano, yo ya no sé qué más pedirte, ni recuerdo aquello que durante la soledad tanto necesito. Qué más que sentir mi corazón completo, qué más que  descubrir que toman sentido mis palabras, qué más que sentirte aquí a mi lado, qué más que pasear, por donde sea, si es contigo y de la mano dada.

martes, 7 de enero de 2014

¡Venga vamos!

El año nuevo se levanta y es mi barco el vendaval.
La ciudad me aterra, y tú lo sabes aunque tontamente te confundas, aunque casi a gritos disimules y rehuyas mis miradas tan dotadas de sentido.
No, no me dan miedo los coches, ni el ruido, ni el tráfico, ni la gente que llora, ni la gente que ríe, ni el chasquido de las llamas que despiertan el humo, ni el susurro de los ríos de la sangre derramada sin justa causa para ningún dios.
Lo que me aterra es el significado, es el sentido.
Lo que me aterra es saber que el caos irracional de sistemas fónicos que impera en este mundo, es un eufemismo del silencio.
No me aterra que el ruido impida que se escuchen mis palabras, sino que tiemblo por saber que cuando calle, será por no tener nada para decir, ni nadie con quien callar.
Necesitamos nuevas historias.
Necesitamos un mensaje que nos empuje a volver a levantarnos.
Necesitamos a nuevas criaturas, que absorbidas por una imaginación joven, den vida a nuevas fábulas.
Necesitamos dar la vuelta al mundo en un segundo, para volver a vivir a cada instante el instante primero de todas las vidas ya vividas y de las que vengan.
No somos el vástago bastardo de otro siglo.
Nosotros somos nosotros, somos un comienzo en bancarrota, somos un cambio incorruptible, somos un ya basta reprimido, somos un no te pares desvalijado.

Año nuevo, vida nueva, y manos al teclado.

lunes, 6 de enero de 2014

Fuego

Pocas cosas tiene el mundo como el rostro que contemplas.
Es único.
Es un fuego que se propaga desde la vista a los latidos, es ese fuego la intensa llamarada que a su paso todo incendia y que, ardiendo por todos los tiempos de la eternidad, paradójicamente no consiente que absolutamente nada se calcine.
Te hace sentir paz como si contemplases una cascada cuyas aguas caen muy, muy despacio sobre un río de agua cristalina sin hacer apenas ruido, y por el contrario, mucha música.
Te hace sentir como fluye en tu interior la sangre, como la propia lluvia, abrasando de calidez al alma.
Te recuerda al ángel más dulce.
Es algo similar al aliento de los dioses, es algo tan simple como la felicidad.
Se aloja entre sus cabellos de tonos castaños que caen como las hojas del sauce que llora en torno a su cuello.
La magia comienza en su frente lisa de marfil de tonos morenos, como los truenos anunciando el potente rayo.
Sus ojos son marrones de tono oscuro. Son como la pradera irlandesa bajo el dominante esbozo de la fresca y húmeda madera del bosque que toma color vitalicio en cada primavera.
Afirmas que son, al mismo tiempo, expresivos y pequeños, como el espíritu de un bosque secreto. 
Es imposible que no te emociones con ellos, son inocentes y sinceros porque saben cómo hacen sentir una confortación similar a la de un torrente de alegría frente a la angustia, que desborda las arterias interconectadas entre los pulmones y el corazón, y roban así, como si nada sucediese, una sonrisa sincera y revitalizante.
¿Y qué hay de sus cejas? Al observarlas piensas en un pintor muy exigente con su obra, y muy caprichoso con la vida en general, que invirtió varios días en dar dos brochazos meritorios de ascender una obra maestra a la genialidad
.
Esta hechicería desciende hasta sus comisuras por peldaños de satisfacción que conforman sus dulcificadas mejillas, rosas o rojas, según sus emociones.
Culmina la sensación espléndida entre sus labios de cereza donde, pícara y jocosa, juguetea una soleada sonrisa gélida y nevada. Son esos labios una llamada a la pasión, al deseo, a la ternura. Son esos labios, dibujados en el centro de la sonrisa más pura que nunca conociste, los que tanto amas.
Cualquiera que lo estuviese viendo te entendería… cualquiera que estuviese viendo esos ojos tan comprensivos desde una mirada seria. O esa sonrisa de paz… ¡Sí! ¡Paz! 
Exactamente de eso se trata, es un gesto tranquilo… conservas inmutable el recuerdo de la mueca, cada punto de color comprendido en aquellas comisuras; porque aquel intenso rayo de sol, que solo podría medirse en poemas, aquel cofre de metáforas asociadas a las deidades de la hermosura, es un bálsamo rejuvenecedor y apaciguador que te embriaga con un éxtasis glorioso.
Por cómo te sonríe la imagen, te ríes de puro contento en aquel infierno, por cómo sonríe, por cómo sonríes, te crees la reina de los sueños y los imperiales… Por cómo te sonríe, por todo y por tanto cuanto contiene aquella sonrisa extraordinaria, despiertas finalmente a la mañana, y saboreas el poético beso del néctar de la alegría.
Despiertas ante el óleo de cristal canonizado.

Despiertas contemplando la hermosa realidad que te devuelve el espejo en que te miras, amor mío.