Deja
a las caricias del mar pasearse a su libre albedrío por tu piel morena,
concédeles la gracia de conocerte, de saberte, de experimentarte.
Deja
a las caricias del mar que te recorran así como ofreces al sol el privilegio de
brillarte, de otorgarte su luminosidad en privilegiado fuego.
Déjales
que sean paz.
Déjales
que sean la gracia.
Deja
a las olas del mar elevarte con fuerza y con cariño, así como el viento cuando te
bates entre sus vaivenes.
Deja
a las caricias del mar que te atraviesen, así como tus hermosos ojos azules
penetran en los míos verdes cuando nos miramos.
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