Proyectos de siglo.

Pues sí, creo que va a siendo hora de empezar a entregarme en serio al sueño aquel de ser escritor.
Y supongo que ya es la hora del mundo de empezar a entregarse en serio a su sueño, de ser mundo.


sábado, 25 de enero de 2014

Imitando a Góngora (Concretamente su soneto Al Escorial)

A TUS OJOS.

Santas, negras, elocuentes pupilas
que a los soles priváis de su imponencia,
Dolor os teme, por más mortal presencia,
y el amor por miradas más divinas.

Silencia tus himnos, Furia; no aflijas
los tuyos, Luz; de mi alma son esencia,
que al mayor verso de toda experiencia
inspiró la mayor gloria en vida:

gran misericordia, de la Mirada
cuya sonrisa al Universo Azul
gobierna, y al infinito somete.

Salve el destino, tenga Dios en gracia
el furor de este Sacro Continente,
los siglos de esta Blanca Luna; Tú.

viernes, 10 de enero de 2014

Sucedió una noche- I

Prokofiev - Tormenta de Nieve, de la ópera Guerra y Paz Op. 91

La lluvia opaca caía marchita y áspera sobre la tersa piel de la indomable fiera.
Esta, que se acurrucaba en la calidez inmoral del frío, graznó una secuencia de notas escogidas por capricho, las cuales un criterio de aspiraciones eruditas condecoró en título de melodía.
El retumbar de un trueno sonoro coincidió con la embestida fónica de las campanas de la catedral, que puso en guardia al ave carroñera, exhortándola a entregarse a un vuelo de navegante a través del lecho de las sombras.
Sobrevoló el capitán de las penumbras la avenida principal por la que dos humanas siluetas solitarias caminaban.
Ambos individuos marchaban encapuchados a paso de ritmo fuerte, tratando de zafarse del aliento de la tormenta. En medio de aquella oscuridad podrían haber pasado por indistinguibles, si bien el que caminaba al frente lo hacía con aún más gallardía, clase y apostura, que el segundo cuya complexión física era bastante inferior a la de su acompañante quien además le superaba ligeramente en estatura.
Nada más podemos decir aún de su aspecto, obligados a tener en cuenta que se ocultaban de acuerdo a la necesidad fluvial.
-¡Ya falta poco!- Gritó el primero con la voz agradable propia de un guardián, aunque en la entonación informal de un buen amigo.
El segundo respondió algo similar a una queja, pero que resultó incomprensible de traducir en medio del fragor de la lluvia.
Tras recorrer una larga serie de caminos poco frecuentados por la ciudadanía decente, encontraron un acceso oculto a la vista de cualquier observador novato, a un inmueble viejo, oscuro y siniestro.
El primero del par fue quien con cierta prisa y malestar golpeó con fuerza el lomo astillado de la puerta.
Un niño tullido con aire desconfiado salió muy molesto a recibirles. El segundo hombre al dirigirle la mirada no pudo evitar leer en el rostro del chiquillo cierto desapego por la vida, además de una latente inseguridad para con su persona, aunque fiel cumplidor de las órdenes recibidas por su amo, las cuales solían adaptarse a su débil condición física.
-Buenas noches, ¿Qué se les ofrece caballeros?- Sus falsos modales, y su voz tosca y grave le hacían parecer aun más rudo.
El mismo hombre que llamó a la puerta, se agachó hasta estar a la altura de la oreja derecha del niño, susurrando unas palabras que le provocaron un gesto de malestar y una forzada invitación a los dos transeúntes a adentrarse al interior del edificio.

Los dos hombres tiritando y chorreando ingentes cantidades de agua turbia caída del cielo en la piel de sus capas negras, cruzaron el umbral sin más dilación, empujados con más fuerza por el malestar de la incomodidad meteorológica que por el cumplimiento de su deber.

jueves, 9 de enero de 2014

Fantasía tétrica.

Te has deslizado hasta mi cuarto a través del alféizar de la ventana mientras empezaba a sonar en el reproductor la Chacona para violín y órgano de Vitali.
Un aire gélido fluye a ritmo lento en la sala.
Hoy tu sombra está más alta, más imponente, más oscura.
Tu capa te concede un aire señorial sobre la piel pálida, rugosa y muerta.
En tu boca los colmillos que se muestran entre los labios carnosos rezuman sangre y maldad. Las garras son feroces y afiladas, dispuestas para el más atroz cometido. El destello ponzoñoso de tus negros ojos claros penetra entre las sombras con la intensidad de una luna de san Juan.
Pero a mí no me engañas, al menos no en esta noche.
¿Acaso crees que no soy consciente de tu farsa, de tu adorno, de tu teatro inútil?
Apenas consigues alterar en un mínimo mi expresión.
Bostezo, y aprovechándome del desdén de ese bostezo alzo la vista y miro fijamente tu mirada.
Patética. Despreciablemente patética.
Admito que hoy te has esforzado. No has venido sin interés como la semana pasada, o agotado y casi sin fuerzas como el mes anterior.
Eres el fósil del espíritu noble de lírico corazón poético. Cantas a desafinadas carcajadas, desde una voz de sonrisa con dientes rotos,  himnos sádicos en lenguas muertas.  
Has sufrido por infinitas protestas, por las ruinas de cuanto ha existido, por los restos del despreciado, por los vestigios de una muerte horrenda.
Padeces lo indecible sabedor de  que tu causa se ha extinguido, que lo has dado todo y no te ha servido para nada, ni servirá ya nunca más.
Hoy eres tú la fuerza viva, hoy yo soy tu muro infranqueable.
La pasión del violín en el reproductor sumamente deliciosa absorbe tan por completo mis sentidos que olvido tu presencia.
Y al recobrar la cordura a mi regreso de la divina abstracción musical descubro que continúas frente a la frente mía. No te has movido un ápice. Permaneces inmutable, fijo en tu puesto. Tienes la actitud propia de un guerrero destinado al sacrificio.
¿Quieres la verdad? ¿Acaso crees merecerla? No importa. Yo te la diré.
Plata sobre fondo oscuro, ese es el color de nuestra era. Y nadie protesta, ni lo critica. Trabajan. Se ríen. A veces incluso lloran. Pero nadie dice nada. Todos callan como los demonios entre las tinieblas. El asfalto sobre la tierra. El gris sobre el verde. La piedra sobre la piedra. He ahí el nuevo arte.
Tú antes escribías. Eran versos pequeños sobre las grandes sierras, sobre los ríos de nieve tras el invierno, sobre las caricias del sol en el verano.
Ahora yacen tristes los recuerdos de felices lunas. Ahora tu imaginación se pierde entre severos epitafios. Te hurtaron las alas del poeta que escribió sobre los cielos, dejando en su lugar las férreas cadenas que contienen tus podridos brazos.
Ángel.
Mientras que ruges a la noche clamando cordura, dormido y despierto, de noche y de día; caminas bajo el negro cielo y la blanca luna. Hay días que simplemente sueñas. Sueñas.
¿Tú corazón? Nada sino un feroz y viejo lobo.  Sueñas infeliz, tú, mi gigante, sueñas.
Oyes gritos y tienes miedo, sueñas desde tu cama oxidada de hierro, sueñas.
Eres es el único de piedra. Cierras los ojos oprimido, te muerdes los labios, y sueñas. Un hilo de sangre oscura se vierte por tu pálida barbilla.
Sueñas que no estarás sólo en la condena.
Sueñas.
Los malos están llamando a tu puerta. Sueñas que algún día se acabará la tormenta.

¿Cuándo acabará la fantasía tétrica?

IMPROVISACIÓN

Dame tu mano. Toma la mía. Así dos manos (¿O eran almas?), entrelazadas. Parece poco, parece nada, y sin embargo, he ahí la plenitud, he ahí la gracia.
De tu mano yo camino sin cansarme. De tu mano es un camino de poemas. De tu mano soy feliz, aun cuando solamente caminamos.
Siento mi espíritu sonreído. Siente que la nada sirve para algo más que para nada.
Siento el éxtasis de las estrellas, a todo volumen, desde tu alma.
Consiste en visitar tierras lejanas. Consiste en conocer a los grandes reyes del pasado. Consiste en atravesar las ruinas de las grandes historias. Consiste en que me des tu mano. Y yo a ti la mía. Y que el mundo se quede con nuestra mirada.
Darte la mano y sentir todos los fuegos, cuando la calle luce de escarcha.
Darte la mano y sufrir un bofetón que borre de mis labios la pena, dejando plasmada tu sonrisa beata.
Darte la mano y hacerte sentir tan única como el día aquel en que, sin conocernos todavía, nos soñamos.

Cuando me das tu mano, yo ya no sé qué más pedirte, ni recuerdo aquello que durante la soledad tanto necesito. Qué más que sentir mi corazón completo, qué más que  descubrir que toman sentido mis palabras, qué más que sentirte aquí a mi lado, qué más que pasear, por donde sea, si es contigo y de la mano dada.

martes, 7 de enero de 2014

¡Venga vamos!

El año nuevo se levanta y es mi barco el vendaval.
La ciudad me aterra, y tú lo sabes aunque tontamente te confundas, aunque casi a gritos disimules y rehuyas mis miradas tan dotadas de sentido.
No, no me dan miedo los coches, ni el ruido, ni el tráfico, ni la gente que llora, ni la gente que ríe, ni el chasquido de las llamas que despiertan el humo, ni el susurro de los ríos de la sangre derramada sin justa causa para ningún dios.
Lo que me aterra es el significado, es el sentido.
Lo que me aterra es saber que el caos irracional de sistemas fónicos que impera en este mundo, es un eufemismo del silencio.
No me aterra que el ruido impida que se escuchen mis palabras, sino que tiemblo por saber que cuando calle, será por no tener nada para decir, ni nadie con quien callar.
Necesitamos nuevas historias.
Necesitamos un mensaje que nos empuje a volver a levantarnos.
Necesitamos a nuevas criaturas, que absorbidas por una imaginación joven, den vida a nuevas fábulas.
Necesitamos dar la vuelta al mundo en un segundo, para volver a vivir a cada instante el instante primero de todas las vidas ya vividas y de las que vengan.
No somos el vástago bastardo de otro siglo.
Nosotros somos nosotros, somos un comienzo en bancarrota, somos un cambio incorruptible, somos un ya basta reprimido, somos un no te pares desvalijado.

Año nuevo, vida nueva, y manos al teclado.

lunes, 6 de enero de 2014

Fuego

Pocas cosas tiene el mundo como el rostro que contemplas.
Es único.
Es un fuego que se propaga desde la vista a los latidos, es ese fuego la intensa llamarada que a su paso todo incendia y que, ardiendo por todos los tiempos de la eternidad, paradójicamente no consiente que absolutamente nada se calcine.
Te hace sentir paz como si contemplases una cascada cuyas aguas caen muy, muy despacio sobre un río de agua cristalina sin hacer apenas ruido, y por el contrario, mucha música.
Te hace sentir como fluye en tu interior la sangre, como la propia lluvia, abrasando de calidez al alma.
Te recuerda al ángel más dulce.
Es algo similar al aliento de los dioses, es algo tan simple como la felicidad.
Se aloja entre sus cabellos de tonos castaños que caen como las hojas del sauce que llora en torno a su cuello.
La magia comienza en su frente lisa de marfil de tonos morenos, como los truenos anunciando el potente rayo.
Sus ojos son marrones de tono oscuro. Son como la pradera irlandesa bajo el dominante esbozo de la fresca y húmeda madera del bosque que toma color vitalicio en cada primavera.
Afirmas que son, al mismo tiempo, expresivos y pequeños, como el espíritu de un bosque secreto. 
Es imposible que no te emociones con ellos, son inocentes y sinceros porque saben cómo hacen sentir una confortación similar a la de un torrente de alegría frente a la angustia, que desborda las arterias interconectadas entre los pulmones y el corazón, y roban así, como si nada sucediese, una sonrisa sincera y revitalizante.
¿Y qué hay de sus cejas? Al observarlas piensas en un pintor muy exigente con su obra, y muy caprichoso con la vida en general, que invirtió varios días en dar dos brochazos meritorios de ascender una obra maestra a la genialidad
.
Esta hechicería desciende hasta sus comisuras por peldaños de satisfacción que conforman sus dulcificadas mejillas, rosas o rojas, según sus emociones.
Culmina la sensación espléndida entre sus labios de cereza donde, pícara y jocosa, juguetea una soleada sonrisa gélida y nevada. Son esos labios una llamada a la pasión, al deseo, a la ternura. Son esos labios, dibujados en el centro de la sonrisa más pura que nunca conociste, los que tanto amas.
Cualquiera que lo estuviese viendo te entendería… cualquiera que estuviese viendo esos ojos tan comprensivos desde una mirada seria. O esa sonrisa de paz… ¡Sí! ¡Paz! 
Exactamente de eso se trata, es un gesto tranquilo… conservas inmutable el recuerdo de la mueca, cada punto de color comprendido en aquellas comisuras; porque aquel intenso rayo de sol, que solo podría medirse en poemas, aquel cofre de metáforas asociadas a las deidades de la hermosura, es un bálsamo rejuvenecedor y apaciguador que te embriaga con un éxtasis glorioso.
Por cómo te sonríe la imagen, te ríes de puro contento en aquel infierno, por cómo sonríe, por cómo sonríes, te crees la reina de los sueños y los imperiales… Por cómo te sonríe, por todo y por tanto cuanto contiene aquella sonrisa extraordinaria, despiertas finalmente a la mañana, y saboreas el poético beso del néctar de la alegría.
Despiertas ante el óleo de cristal canonizado.

Despiertas contemplando la hermosa realidad que te devuelve el espejo en que te miras, amor mío.