Proyectos de siglo.

Pues sí, creo que va a siendo hora de empezar a entregarme en serio al sueño aquel de ser escritor.
Y supongo que ya es la hora del mundo de empezar a entregarse en serio a su sueño, de ser mundo.


viernes, 10 de enero de 2014

Sucedió una noche- I

Prokofiev - Tormenta de Nieve, de la ópera Guerra y Paz Op. 91

La lluvia opaca caía marchita y áspera sobre la tersa piel de la indomable fiera.
Esta, que se acurrucaba en la calidez inmoral del frío, graznó una secuencia de notas escogidas por capricho, las cuales un criterio de aspiraciones eruditas condecoró en título de melodía.
El retumbar de un trueno sonoro coincidió con la embestida fónica de las campanas de la catedral, que puso en guardia al ave carroñera, exhortándola a entregarse a un vuelo de navegante a través del lecho de las sombras.
Sobrevoló el capitán de las penumbras la avenida principal por la que dos humanas siluetas solitarias caminaban.
Ambos individuos marchaban encapuchados a paso de ritmo fuerte, tratando de zafarse del aliento de la tormenta. En medio de aquella oscuridad podrían haber pasado por indistinguibles, si bien el que caminaba al frente lo hacía con aún más gallardía, clase y apostura, que el segundo cuya complexión física era bastante inferior a la de su acompañante quien además le superaba ligeramente en estatura.
Nada más podemos decir aún de su aspecto, obligados a tener en cuenta que se ocultaban de acuerdo a la necesidad fluvial.
-¡Ya falta poco!- Gritó el primero con la voz agradable propia de un guardián, aunque en la entonación informal de un buen amigo.
El segundo respondió algo similar a una queja, pero que resultó incomprensible de traducir en medio del fragor de la lluvia.
Tras recorrer una larga serie de caminos poco frecuentados por la ciudadanía decente, encontraron un acceso oculto a la vista de cualquier observador novato, a un inmueble viejo, oscuro y siniestro.
El primero del par fue quien con cierta prisa y malestar golpeó con fuerza el lomo astillado de la puerta.
Un niño tullido con aire desconfiado salió muy molesto a recibirles. El segundo hombre al dirigirle la mirada no pudo evitar leer en el rostro del chiquillo cierto desapego por la vida, además de una latente inseguridad para con su persona, aunque fiel cumplidor de las órdenes recibidas por su amo, las cuales solían adaptarse a su débil condición física.
-Buenas noches, ¿Qué se les ofrece caballeros?- Sus falsos modales, y su voz tosca y grave le hacían parecer aun más rudo.
El mismo hombre que llamó a la puerta, se agachó hasta estar a la altura de la oreja derecha del niño, susurrando unas palabras que le provocaron un gesto de malestar y una forzada invitación a los dos transeúntes a adentrarse al interior del edificio.

Los dos hombres tiritando y chorreando ingentes cantidades de agua turbia caída del cielo en la piel de sus capas negras, cruzaron el umbral sin más dilación, empujados con más fuerza por el malestar de la incomodidad meteorológica que por el cumplimiento de su deber.

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