Proyectos de siglo.

Pues sí, creo que va a siendo hora de empezar a entregarme en serio al sueño aquel de ser escritor.
Y supongo que ya es la hora del mundo de empezar a entregarse en serio a su sueño, de ser mundo.


lunes, 6 de enero de 2014

Fuego

Pocas cosas tiene el mundo como el rostro que contemplas.
Es único.
Es un fuego que se propaga desde la vista a los latidos, es ese fuego la intensa llamarada que a su paso todo incendia y que, ardiendo por todos los tiempos de la eternidad, paradójicamente no consiente que absolutamente nada se calcine.
Te hace sentir paz como si contemplases una cascada cuyas aguas caen muy, muy despacio sobre un río de agua cristalina sin hacer apenas ruido, y por el contrario, mucha música.
Te hace sentir como fluye en tu interior la sangre, como la propia lluvia, abrasando de calidez al alma.
Te recuerda al ángel más dulce.
Es algo similar al aliento de los dioses, es algo tan simple como la felicidad.
Se aloja entre sus cabellos de tonos castaños que caen como las hojas del sauce que llora en torno a su cuello.
La magia comienza en su frente lisa de marfil de tonos morenos, como los truenos anunciando el potente rayo.
Sus ojos son marrones de tono oscuro. Son como la pradera irlandesa bajo el dominante esbozo de la fresca y húmeda madera del bosque que toma color vitalicio en cada primavera.
Afirmas que son, al mismo tiempo, expresivos y pequeños, como el espíritu de un bosque secreto. 
Es imposible que no te emociones con ellos, son inocentes y sinceros porque saben cómo hacen sentir una confortación similar a la de un torrente de alegría frente a la angustia, que desborda las arterias interconectadas entre los pulmones y el corazón, y roban así, como si nada sucediese, una sonrisa sincera y revitalizante.
¿Y qué hay de sus cejas? Al observarlas piensas en un pintor muy exigente con su obra, y muy caprichoso con la vida en general, que invirtió varios días en dar dos brochazos meritorios de ascender una obra maestra a la genialidad
.
Esta hechicería desciende hasta sus comisuras por peldaños de satisfacción que conforman sus dulcificadas mejillas, rosas o rojas, según sus emociones.
Culmina la sensación espléndida entre sus labios de cereza donde, pícara y jocosa, juguetea una soleada sonrisa gélida y nevada. Son esos labios una llamada a la pasión, al deseo, a la ternura. Son esos labios, dibujados en el centro de la sonrisa más pura que nunca conociste, los que tanto amas.
Cualquiera que lo estuviese viendo te entendería… cualquiera que estuviese viendo esos ojos tan comprensivos desde una mirada seria. O esa sonrisa de paz… ¡Sí! ¡Paz! 
Exactamente de eso se trata, es un gesto tranquilo… conservas inmutable el recuerdo de la mueca, cada punto de color comprendido en aquellas comisuras; porque aquel intenso rayo de sol, que solo podría medirse en poemas, aquel cofre de metáforas asociadas a las deidades de la hermosura, es un bálsamo rejuvenecedor y apaciguador que te embriaga con un éxtasis glorioso.
Por cómo te sonríe la imagen, te ríes de puro contento en aquel infierno, por cómo sonríe, por cómo sonríes, te crees la reina de los sueños y los imperiales… Por cómo te sonríe, por todo y por tanto cuanto contiene aquella sonrisa extraordinaria, despiertas finalmente a la mañana, y saboreas el poético beso del néctar de la alegría.
Despiertas ante el óleo de cristal canonizado.

Despiertas contemplando la hermosa realidad que te devuelve el espejo en que te miras, amor mío.

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