A TUS OJOS.
Santas, negras,
elocuentes pupilas
que a los soles
priváis de su imponencia,
Dolor os teme, por
más mortal presencia,
y el amor por
miradas más divinas.
Silencia tus himnos,
Furia; no aflijas
los tuyos, Luz; de
mi alma son esencia,
que al mayor verso
de toda experiencia
inspiró la mayor
gloria en vida:
gran misericordia,
de la Mirada
cuya sonrisa al
Universo Azul
gobierna, y al
infinito somete.
Salve el destino,
tenga Dios en gracia
el furor de este
Sacro Continente,
los siglos de esta
Blanca Luna; Tú.
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