El
cielo negro ruge como una mala bestia.
La
oscuridad se arremolina entre nubarrones turbios.
El
frío,
y
la muerte,
como
cánticos de angustia,
un
tanto temibles,
un
tanto infernales,
se
imponen sobre todos los susurros aterrorizados…
¿Por
qué estoy sonriendo?
¿Por
qué no tengo miedo?
¿Por
qué soy tan feliz?
No lo sé.
No hay palabras.
No hay respuesta.
Yo no sé nada.
Todo pasa porque pasa.
Todo acaba porque acaba.
Todos vuelan, todo vuela,
yo no.
Mis huesos siguen sin despegarse de la Tierra.
Sacadme de aquí...