Voces, llantos
y gemidos, se escuchan
en el viento,
cruzando la pradera,
hermosos, tristes,
de la verde hierba
susurros, que
discurren con ternura.
Fuego ardiente
que enciende tu hermosura,
nieve fría que
al sol se derritiera,
lágrimas que
deshace la ribera,
dulce canción,
brotada en la espesura.
Es la rosa, es
la azucena, es, al verte,
de mi amoroso
pecho la alegría,
trocada en
desventura amargamente.
Es el bosque, es el olivo, es la viña,
es el trigo,
es el valle, es la corriente,
es todo el
monte, que por ti suspira.
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