Preludio
y Allegro (Kreisler-Pugnani)
Traducción
a palabra escrita.
I-
Preludio.
Despertarme en un sueño al filo de la madrugada con
el molesto sabor en la lengua de tormentas de sangre.
Sombras de sombras en torno a mi figura.
Ojos de fuego, fauces terribles y despiadada sonrisa.
El demonio mismo sobre mi cama.
Me descubro como víctima de un sueño de cicuta.
Tiemblo sin fuerzas y desde la ventana galopa un frío
inusitado.
“Por favor, te agradecería que me dejases irme,
tengo mucho que estudiar.”
Apenas pienso mientras hablo.
Con la elegancia exquisita que nunca nadie
esperaría en semejante fiera, rechaza mi deseo a golpe de mirada. Sonríe y
señala que en el fondo soy yo quien ha escogido visitarlo. Y yo callo, por no ser
posible estar más de acuerdo.
Pone ante mí mi propio violín, apoyándose en la
entrega, de un gesto admonitorio.
Yo cuidadosamente lo sostengo.
Lo levanto con brío situándolo en el espacio que
habita entre mi mentón y mi clavícula.
Respiro despacio, navegando en un desierto de
negruzcas dunas de humareda en busca de un oasis de calma.
Con porte
noble y furibundo dirijo desde el arco unas caricias firmes y serenas.
Chorros de sangre en notas largas y expresivas.
Seguridad y expresión a fuerza de espíritu. Relámpagos de llanto formidables. Cadencias que se elevan como el humo de una tea, de la brisa al huracán, del
frágil silbido a la pasión sinfónica.
El aire arde y se dilata. El cielo toma color en el sonido. Las paredes
se tiñen de música.
“Despierta.”
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