Proyectos de siglo.

Pues sí, creo que va a siendo hora de empezar a entregarme en serio al sueño aquel de ser escritor.
Y supongo que ya es la hora del mundo de empezar a entregarse en serio a su sueño, de ser mundo.


lunes, 17 de febrero de 2014

Fragmento recopilado de mis escritos de Octubre.

Erase un romántico en una ciudad sin alma.
Mientras introducía la llave en la cerradura del portón principal del melancólico inmueble, concluía que en días como aquel no merecía la pena despertar.
La lluvia caía con la fuerza de un reproche, así que tuvo que darse prisa en introducirse en el edificio, pese al cansancio que soportaba después de la larga carrera desde el trabajo. Entró.
Sufría. La sola visión del rellano se le hizo aún más gris que aquellas nubes que desde el cielo se asomaban a la calle para llorar.
Cada paso pesaba una eternidad. Las escaleras se le hicieron un poco interminables y otro poco fugaces. No dejaba de mirar fijamente al suelo, sin hablar, sin casi pensamiento alguno, sin apenas respiración en el aliento.
2ºB.
Se desplomó sobre el sofá en una posición para nada cómoda, en la típica postura de aquel que padece de una grave y dolorosa angustia. Sin su presencia, el apartamento era la viva imagen de la soledad. Con ella, la mortuoria sombra de la desesperación.
Clavó la vista en el techo atravesándolo con la mirada, buscando más allá del cielo, más allá de las estrellas, en el rincón de la esperanza.
La escasa luz que en aquel día de sombras se filtraba por la ventana bastaba para iluminarle, total, apenas se movía.

Se le empezaba a advertir cómo el tiempo le afectaba en la expresión, cómo día tras día se moría, sin más enfermedad que la tristeza.

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