Entre nosotros y
nuestras miradas
se inmola una
grandiosa sinfonía,
y baila la Luna y
baila, la noche fría,
esperando al canto
de las mañanas.
Es en los campos y en
las barricadas,
es en los saludos y
en las partidas,
en donde avienen
bienes y desdichas
de amor, de muerte
sola, muerte amada.
Y tú, por más que
toscamente niegues,
pájaro gris de
esmeralda perdido
en la estrella de
siempre, me quieres.
Y yo, por más que
crezca el mar de olvido,
por más que la distancia
nos dé muerte,
te quiero como
nunca te han querido.

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