¡Cuán duro
es recordar cómo tendía
el sol, los
rayos, de su lumbre ardiente
por valles y
por montes libremente,
do ella me
amaba, do ella me quería!
¡Cuán triste
es escuchar cómo fluía
el agua
fresca; cómo la corriente
paciendo iba
segura, dulcemente
bañando aquel
amor que tanto ardía!
Vine a este
prado lleno de verdura,
do nació
esta pasión tan desabrida,
goce
infinito haciendo y deshaciendo
Aquí fue aquel amor mi desventura,
y mi piel por sus labios recorrida,

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