Te has deslizado hasta mi cuarto a través
del alféizar de la ventana mientras empezaba a sonar en el reproductor la Chacona para violín y órgano de Vitali.
Un aire gélido fluye a ritmo lento en
la sala.
Hoy tu sombra está más alta, más imponente,
más oscura.
Tu capa te concede un aire señorial
sobre la piel pálida, rugosa y muerta.
En tu boca los colmillos que se
muestran entre los labios carnosos rezuman sangre y maldad. Las garras son
feroces y afiladas, dispuestas para el más atroz cometido. El destello
ponzoñoso de tus negros ojos claros penetra entre las sombras con la intensidad
de una luna de san Juan.
Pero a mí no me engañas, al menos no en
esta noche.
¿Acaso crees que no soy consciente de tu
farsa, de tu adorno, de tu teatro inútil?
Apenas consigues alterar en un mínimo
mi expresión.
Bostezo, y aprovechándome del desdén de
ese bostezo alzo la vista y miro fijamente tu mirada.
Patética. Despreciablemente patética.
Admito que hoy te has esforzado. No has
venido sin interés como la semana pasada, o agotado y casi sin fuerzas como el
mes anterior.
Eres
el fósil del espíritu noble de lírico corazón poético. Cantas a desafinadas
carcajadas, desde una voz de sonrisa con dientes rotos, himnos sádicos en lenguas muertas.
Has
sufrido por infinitas protestas, por las ruinas de cuanto ha existido, por los
restos del despreciado, por los vestigios de una muerte horrenda.
Padeces
lo indecible sabedor de que tu causa se ha extinguido, que lo has dado todo y no te
ha servido para nada, ni servirá ya nunca más.
Hoy eres tú la fuerza viva, hoy yo soy
tu muro infranqueable.
La pasión del violín en el reproductor
sumamente deliciosa absorbe tan por completo mis sentidos que olvido tu
presencia.
Y al recobrar la cordura a mi regreso
de la divina abstracción musical descubro que continúas frente a la frente mía.
No te has movido un ápice. Permaneces inmutable, fijo en tu puesto. Tienes la
actitud propia de un guerrero destinado al sacrificio.
¿Quieres la verdad? ¿Acaso crees
merecerla? No importa. Yo te la diré.
Plata sobre fondo oscuro, ese es el
color de nuestra era. Y nadie protesta, ni lo critica. Trabajan. Se ríen. A
veces incluso lloran. Pero nadie dice nada. Todos callan como los demonios
entre las tinieblas. El asfalto sobre la tierra. El gris sobre el verde. La
piedra sobre la piedra. He ahí el nuevo arte.
Tú antes escribías. Eran versos
pequeños sobre las grandes sierras, sobre los ríos de nieve tras el invierno,
sobre las caricias del sol en el verano.
Ahora yacen tristes los recuerdos de
felices lunas. Ahora tu imaginación se pierde entre severos epitafios. Te hurtaron
las alas del poeta que escribió sobre los cielos, dejando en su lugar las férreas
cadenas que contienen tus podridos brazos.
Ángel.
Mientras que ruges a la noche clamando
cordura, dormido y despierto, de noche y de día; caminas bajo el negro cielo y
la blanca luna. Hay días que simplemente sueñas. Sueñas.
¿Tú corazón? Nada sino un feroz y viejo
lobo. Sueñas infeliz, tú, mi gigante,
sueñas.
Oyes gritos y tienes miedo, sueñas desde tu cama oxidada de hierro, sueñas.
Oyes gritos y tienes miedo, sueñas desde tu cama oxidada de hierro, sueñas.
Eres es el único de piedra. Cierras los
ojos oprimido, te muerdes los labios, y sueñas. Un hilo de sangre oscura se
vierte por tu pálida barbilla.
Sueñas.
Los
malos están llamando a tu puerta. Sueñas que algún día se acabará la tormenta.
¿Cuándo
acabará la fantasía tétrica?
Me gusta la música de fondo del reproductor. Y la personificación del corazón y el viejo lobo.
ResponderEliminarOhh gracias María^^ te agradezco tu comentario :3
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